El otro día escuche un tema de Radiohead, era precisamente “Exit music (for a dub)”, bueno era un cover onda reggee de dicho grupo, que me hizo recordar mi época liceana, es decir, de forma más específica aquel período de mi vida en el cual iba entre 3° y 4° medio, uuuhhhhh, que tiempos aquellos, puta que se pasaba bien en ese entonces. Esa edad no involucraba tantas responsabilidades como las que tengo actualmente, si no, que era etapa en la cual yo me creía el cuento de “chorizo” de la pobla, aunque ni siquiera me supiese limpiar el culo.
Tomando en cuenta el tema enunciado al principio, en mi tiempo de pingüino de media escuchaba esta canción en su versión original, en CASSETE Y CD DE RADIO, si señoras y señores, lo indico en mayúsculas porque en ese tiempo no llegaba a mis manos la bendita tecnología del mp3. Volviendo a este temita musical en su versión original, debo confesarlo me daba pena la weaita, porque en algún momento iba a dejar atrás ese lindo y burbujeante mundo escolar.
Me daba tristeza por mis compañeros y compañeras, ya nada sería igual. Sin lugar a dudas, muchas personas que he conocido declaran que lo que más anhelan es salir del colegio o salir más bien dicho salir de cuarto po’, pero esto no era mi caso yo no quería salir, no me gustaba la idea de que tarde o temprano iba a llegar ese agridulce momento. Sin embargo, ustedes se preguntaran porque chucha le doy esta connotación de dulce y agrio al mismo momento; es dulce porque para mi salir de 4°medio fue un gran logro encantador en ese periodo (ahora veo que no fue un logro espectacular, si no, una etapa que queme). Por otro lado, fue un instante agrio porque me dio pena y arrugue la cara igual que cuando uno toma vinagre o sucedáneo de limón, no por la sensación de acidez, si no, porque las emociones que me superaban y me causaban congoja.
Bueno la idea no es transmitirles tristeza ni nada por el estilo, es solo registrar de una forma peculiar mi experiencia. Ya no le pegaría con mis compañeros al canapé (onda bulling al máximo). Metafóricamente este puching-ball ambulante, pedía a gritos que le sacáramos la chucha todos los días que nos tocaba ir al colegio, para mi y los compañeros que tuvé paso desde un simple hobbie a un deporte oficial maltratar a este individuo. En serio, si onda, uno le veía la cara a ese pobre weón y te incitaba a la violencia, pero siempre en buena onda. Suena cruel, no obstante no lo era porque nadie se oponía, inclusive el buscaba indirectamente que le pegarán. Creo que mi manifestación de cariño hacia este personaje eran los golpes, de lo contrario si no le hubiese tenido cariño no lo habría ni siquiera pescado.
Tenía que olvidarme, de un día para otro de aquellos momentos donde joteaba a mis compañeras ricas, a las cuales las veía como las copas del Colo-Colo, “se miran pero no se tocan” (Ahora estando un poco más viejo, me doy cuenta que esa wea es una actitud loser, derechita al fracaso con las minitas). El estúpido argumento que uno usaba, para no flirtear con cuatica con las feminas era que uno; “El Don wea tenía miedo al rechazo por parte de ellas”, puta que era aweonao en ese tiempo. Después decía que ninguna mujer me quería, jajajajjaja, típica actitud de imbécil que se rinde antes hacer cualquier mínimo intento de batalla campal y jotística.
La imagen en ese tiempo era importante y me desagradaban las espinillas. Ahora creo que son normales, la gran mayoría del ganado tanto femenino como masculino las tienen, son parte del crecimiento, pero yo no me estaba dando cuenta de eso, incluso renegaba con impronta contra ellas. Luego de unos añitos las acepte, aún de vez en cuando me visitan.
También tuve que dejar los maravillosos carretitos que se realizaron en los lugares más curiosos de Belloto, Quilpué y Villa Alemana. Rememorando uno de esos contextos; ¿Quién ha vacilado en un peladero cerca del motel arroyuelo del castor?, sinceramente yo creo que muy pocos personajes han concretizado dicha acción. Aquí los pillo, solo personas que se pueden contar con los dedos han tenido un verdadero carrete liceano en la poza de Quilpué, tomando chelas y bañandose, ¡Qué exquisito aquello! Es reducido el grupo de personajes que ha tomado vino blanco de garrafa con aspirina y jugo en polvo po’, las weas que se le ocurrían a mis compañeros. Solo algunos, se roban la plata del curso y va a acampar a la chucha del mundo a tomar y fumar caños, inclusive ese día llegaron los que menos me espere. Son muchos los carretes y pocos los momentos que quedan en la retina, pero en fin son acontecimientos que forman parte del itinerario de la vida.
Para finalizar escucho la esta humilde canción (en versión dub) que mostré al principio, pero no con pena, si no, con alegría, tranquilidad y jolgorio. Hay que mirar positivamente lo que paso, porque uno “no puede guardar el tiempo en un tarro de conservas, ya que, este es furtivo”, me parece haber dicho este pensamiento cuando estaba en confirmación.
Invocando a mi estadio de puber, en el cual me juraba el paladín de la justicia (Le pegaba a los giles porque era malo, onda rapero), el perito policial o judicial (pa’ los que cachan la talla), cuando era el incomprendido por las mujeres, el que llevaba en su espalda un cúmulo de apodos y denominaciones extrañas, etc. Le digo a mis octogenarios pares:
Escribamos en las mesas y sillas, total no son nuestras, si no, del colegio…
El timbre sonó, vamos las camisas afuera…
Hagamos repollos con los cuadernos…
Quememos los papeleros…
Tomemos copete en la sala…
Mojemos la pizarra, pa’ que la tiza no pesque…
Cuartiemos a nuestras compañeras de jumpers cortitos…
Hagamos lo indebido…
Expresemos lo que pensamos…
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