Hace mucho tiempo una compañera me dijo que el silencio era el mejor argumento, en realidad no le creí mucho, pero igual llevé a la praxis, esta frase. Dicho acontecimiento, me permitió contemplar los hechos como un observador que poco a poco se fue alejando de los núcleos de conversación y debate.
Este distanciamiento me genero en mí una paz y una objetividad bastante particular, en el fondo ya no me estaba afanado por ser escuchado, ni tampoco porque mis fundamentos fueran los mejores. No me sentía obligado a exponer mi opinión, como muchos de mis pretéritos compañeros de universidad que querían ser el centro de atención para ser aceptados y queridos. En cierta medida me liberé de tan pesada carga, en otras palabras solo hablaba cuando sentía que tenía que hacerlo, no obstante la gran mayoría quería que yo callara para siempre porque tenía verborrea según ellos.
Después de un tiempo comprendí que el guardar silencio tiene sus virtudes y defectos por naturaleza. Comenzaré por la parte buena, por esto me apoyaré en una canción de Jarabe de palo, para expresar el lado positivo de esto, que dice: “Soy un esclavo de mis palabras, si no te hablo, será porque prefiero ser el dueño de mi silencio”. En breves líneas, lo que trato de comunicar es que cuando hablo demasiado, esas mismas palabras me convierten en prisionero de las putas gueas que prometo, digo e invento. Por otro lado queda el gran consuelo que al momento de ser dueño de mi silencio, me guardo mis secretos, pensamientos y pasa’ de rollo y me las llevo pa’ el ataúd. En serio, la dura, muchas veces es mejor callarse, pero no siempre.
El gran defecto de guardar silencio implica que uno no diga las gueas en el preciso momento que tiene que decirlas, si po’ verdaderamente no hay nada malo en decir las cosas y denunciarlas cuando éstas deben salir a luz. Incluso creo que hay un arte para concretizar tan bella finalidad, que es la exhortación, que en ningún sentido se parece a los eufemismos maricones que muchos tontos ilustrados ocupan en la actualidad.
Para finalizar y como moraleja creo que uno debe hablar cuando crea que es necesario y por sobre todo aprender a saber escuchar es fundamental pa’ construir un gran lenguaje. Por esto mismo no se escandalicen si se topan con locos que son buenos pa’ hablar, véanlo como una real oportunidad para usar su propio oído.
Este distanciamiento me genero en mí una paz y una objetividad bastante particular, en el fondo ya no me estaba afanado por ser escuchado, ni tampoco porque mis fundamentos fueran los mejores. No me sentía obligado a exponer mi opinión, como muchos de mis pretéritos compañeros de universidad que querían ser el centro de atención para ser aceptados y queridos. En cierta medida me liberé de tan pesada carga, en otras palabras solo hablaba cuando sentía que tenía que hacerlo, no obstante la gran mayoría quería que yo callara para siempre porque tenía verborrea según ellos.
Después de un tiempo comprendí que el guardar silencio tiene sus virtudes y defectos por naturaleza. Comenzaré por la parte buena, por esto me apoyaré en una canción de Jarabe de palo, para expresar el lado positivo de esto, que dice: “Soy un esclavo de mis palabras, si no te hablo, será porque prefiero ser el dueño de mi silencio”. En breves líneas, lo que trato de comunicar es que cuando hablo demasiado, esas mismas palabras me convierten en prisionero de las putas gueas que prometo, digo e invento. Por otro lado queda el gran consuelo que al momento de ser dueño de mi silencio, me guardo mis secretos, pensamientos y pasa’ de rollo y me las llevo pa’ el ataúd. En serio, la dura, muchas veces es mejor callarse, pero no siempre.
El gran defecto de guardar silencio implica que uno no diga las gueas en el preciso momento que tiene que decirlas, si po’ verdaderamente no hay nada malo en decir las cosas y denunciarlas cuando éstas deben salir a luz. Incluso creo que hay un arte para concretizar tan bella finalidad, que es la exhortación, que en ningún sentido se parece a los eufemismos maricones que muchos tontos ilustrados ocupan en la actualidad.
Para finalizar y como moraleja creo que uno debe hablar cuando crea que es necesario y por sobre todo aprender a saber escuchar es fundamental pa’ construir un gran lenguaje. Por esto mismo no se escandalicen si se topan con locos que son buenos pa’ hablar, véanlo como una real oportunidad para usar su propio oído.
2 comentarios:
Como los culiaos no postean, ni siquiera pa' hechar la foca, me posteo, yo solo, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, me convertiré en the postman. jejejeje
plop plop plop (aplausos)
hacia tiempo que no leia un articulo muy bueno.
a decir verdad soy de los que hablan mucho pero tambien debo contar que ultimamente vengo cerrando la boca.
muy buen articulo repito
y perdon por postear no se si te interesaba dado que este blog es por invitacion y yo lo encontre haciendo click en siguiente y aparecio este
chau
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