sábado, 3 de noviembre de 2007

Pensar sobre el arte.

Todo arte nunca debe morir, nunca debe perder su valor y dignidad. El arte debe perpetuarse en el tiempo, es decir, tiene que inmortalizarse en la obra concreta. Bien sabemos que el hombre no puede vivir toda una eternidad, porque esta determinado por su calidad de mortal a vivir una cantidad de tiempo determinado, sin embargo, afirmo que cuando se convierte en autor que crea obras que representan su propio arte e ideas puede dejar una huella imborrable en la historia.

Es imperante en nuestra sociedad actual fomentar: la creatividad, el ingenio, y todo tipo de expresión que respete la dignidad humana y asimismo que represente el pensar individual, prescindiendo de los esquemas tradicionales de reproducción de ideas.

Sin duda, al hablar de arte nada culmina, nada muere sólo se transforma como dirían los físicos con respecto a los estados de la materia. Cuando comenzamos a desarrollar una obra siempre sabemos donde comenzamos, sin embargo, nunca sabemos donde vamos a terminar. En el momento previo de llevar a cabo una obra, generalmente nos pasa que no sabemos que vamos a crear y ni tampoco le asignamos un objetivo a lo que vamos a hacer, somos presas vulnerables día a día, momento a momento de la grave enfermedad de “no pensar en nada y querer pensarlo todo simultáneamente”. Muchas veces cometemos un gran error al pensar demasiado lo que queremos construir, en efecto, nos planificamos en demasía subordinando nuestras ideas en función de nuestros pseudo-proyectos que generalmente nunca se llevan a cabo. Hacemos uso y abuso de nuestras ideas a diestra y siniestra para edificar futuros que en el fondo no tienen ningún cimiento sólido, es así como al momento de la tormenta nuestros castillos de naipes de desmoronan desatando el sentimiento desagradable de la frustración, que brota del corazón.

Cual es el emocionante llamado que nos mueve a caminar por senderos tan complicados, en los cuales nos enfrentamos a desafíos insoslayables, que increpan y retan a nuestro coraje.

Cuando popularizamos, normamos e introducimos en la mediática nuestro arte nos vemos afectados profundamente por una realidad que nos restringe, nos priva de nuestro espacio y tiempo devorándoselo hasta la más mínima expresión. Somos atacados por un mundo en el cual no hay lugar para errores, ni cosas diferentes que rompan esquemas tradicionales de representación artística, si incurrimos en tal hecho somos catalogados de extraños, pero en realidad ¿Qué significa ser alguien extraño?. Las respuestas pueden ser muchas, sin embargo, siempre primara el consenso social de respuestas, en el cual se vea patentizado el mutuo acuerdo de las personas. Considerando lo anterior como punto fundamental se ha dejado de lado lo singular, en efecto, no se ha tomado en cuenta realmente toda la amplia gama de mundos individuales y respuestas que puedan surgir en relación a la palabra “extraño”, esto es realmente grave. La connotación está perdiendo valor de una forma abismante y formando parte de un proceso degenerativo que tiene como fin extinguir todo rastro de la misma. Estamos cayendo poco a poco en la absurda vorágine de responder cosas absurdas a preguntas trascendentes, caímos poco a poco en el plano unidimensional del mundo de la denotación, para convivir con ella por el resto de nuestra insípida vida.

1 comentario:

Jorge dijo...

cabro culiao, ta buena la reflexión