lunes, 8 de septiembre de 2008
Travesías 1...
Aquellos sonidos se elevaban por entre los roñosos y paupérrimos edificios de las calles de antofagasta, un cuarteto de pelucones con humildes instrumentos, muchos de ellos parchados y quemados por largos conciertos callejeros, sin más ganacias que los opacos aplausos de unos cuantos borrachos que se deleitaban con aquellos acordes, los artistas, no diferían mucho de sus utensilios, a simple vista se apreciaban los surcos de sus curtidas pieles que denotaban las extenuantes travesías musicales teniendo como techo el abrazador sol nortino, aquellas personas entonaban cánticos populares, nada que no se haya escuchado en algun carrete de universitarios, pero un hermoso sónido se apoderó de mi subconsiente, al separarme de la corriente de personas que transitaba por aquella esquina pude observar el gozo de aquel pelucón al entonar esos memorizados acordes en su kena, y es que efectivamente era hermosa la música que emitía ese instrumento, en ese momento cai en la cuenta que el no tocaba para la gente y mucho menos por alguna miserable moneda, el tocaba para sí, me lo decían sus expresiones faciales, sus ojos cerrados, su balanceo de cuerpo, hoy comprendí que cierta musica no se hace para lucirse sino acaso para deleitarse en lo que uno hace...
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